Aquella mañana de un día cuando las nubes grises cubrían el cielo me
desperté bastante temprano. Me pareció extraño, porque normalmente no me
levantaba a esas horas. Así empezó aquel día tan raro. El día en que dejé de
ser un gato.
Cuando abrí los ojos entendí que de ninguna manera sería capaz de volver a dormirme.
Así que después de unos minutos decidí intentar contestar la pregunta que me
preocupaba: ¿por que razón me desperté tan temprano?
En mi habitación no noté nada extraño, así que dejé de preocuparme y decidí
bajar a la cocina para desayunar, pero en ese momento me di cuenta de que en
vez del suave pelaje de color negro mi cuerpoestaba cubierto por unmaterial que
me parecía muy raro, ¡eran plumas!Plumas de tonos diferentes: la mayoría era de
color blanco, pero también grises y negras…
En ese momento entré en pánico, porque poco a poco me daba cuenta de que mi
cuerpo se modificó y ya no parecía gatuno. No disminuyó mucho, pero ahora tenía
que acostumbrarme de moverme de una forma diferente, porque en vez de mis
cuatro patas solo tenia dos y además no eran como las patas de un gato, eran
mucho más finas y su color era algo entre amarillo y naranja.
Cuando me tranquilicé, por fin decidÍ mirarme en el espejo. Cuidadosamente miré
a mi reflejo. Me sorprendí, cuando entendí quién era ahora. Me provocó una
sonrisa que no se veía en mi rostro, porque en vez de una boca tenía un pico
del mismo color que mis patas. La única diferencia era que su punta era mucho
más oscura, de color negro.
Caminé hacia la ventana y cuando miré a la estantería vi un libro que acabé
hace unos días, y que me gustó mucho. El autor de ese libro era Richard Bach.
En ese momento me acordé de que mientras lo leía, deseaba convertirme en el
protagonista de esa historia. Quizás ese era el motivo de mí transformación…
Mi sueño era aprender a volar, pero ahora ya no estaba tan seguro, porque no
sabía si podré hacerlo.
Me acordé de la frase que me inspiró.
“No creas lo que tus ojos te dicen.
Solo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes,
y hallarás la manera de volar.” – Richard Bach
Me senté en el alféizar, abrí mis alas, blancas como la nieve y... volé.
En ese momento me sentí libre.